Rostros de la edición 1. Camilo Ayala Ochoa

Con este video iniciamos la serie «Rostros de la edición», que pretende mostrar semana a semana las funciones que desempeñan los profesionales en la cadena del libro.

Empezamos con Camilo Ayala Ochoa, historiador y editor con más de 35 años de experiencia en el mundo editorial, miembro del Departamento de Contenidos Electrónicos y Proyectos Especiales de la UNAM y de varios comités editoriales, autor del libro La cultura editorial universitaria (UNAM, 2015), entre otros, y ferviente promotor de la cultura del libro.

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Agradecemos a Camilo Ayala por haber aceptado participar en este ejercicio.


¿Cómo incursionaste en el mundo de la edición?

Soy Camilo Ayala Ochoa, historiador de formación, de profesión editor. Tengo más de 36 años en la industria editorial, trabajando absolutamente de todo. Comencé muy joven a encuadernar libros, a hacer cuadernos, hilarlos, cuestiones de ese tipo, y después de la encuadernación he estado en varios puntos: he sido una especie de bibliotecario, pero también editor, corrector, redactor, revisor de textos… Mis primeros trabajos fueron sobre dos revistas, una se llama Pórtico de América, que ya no existe, también un semanario que se llama Orden. Ahí aprendí qué es la corrección de estilo.

Después, en 1991 entré a la Universidad Nacional Autónoma de México, he pasado por varios departamentos, incluyendo el de Derechos de Autor. Actualmente lo que hago es dar asesorías a las dependencias, a los universitarios, al público en general, en materia editorial y de derechos de autor.

Mi generación es la que más cambios ha visto, empezamos a escribir máquina mecánica, después vino la computadora y todos los procesos editoriales cambiaron. No había tantos programas de edición o diseño como hay actualmente, o tantos instrumentos que apoyan a la edición. Las editoriales eran otra cosa, las imprentas tenían fotolito, las editoriales tenían área de captura muy fuerte y casi todo lo hacíamos sobre el papel. Había manuscritos, había mecanoescritos, cuestiones que actualmente no hay.

¿Cuáles son tus principales funciones en el sector editorial

Estoy en la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial de la Universidad Nacional Autónoma de México, en el Departamento de Contenidos Electrónicos y Proyectos Especiales, hacemos la edición de libros electrónicos, ya sea los que primero salieron análogamente y pasaron a digital o directamente los que surgen en electrónico. Lo que hacemos como proyectos especiales es absolutamente todo: organizar conferencias, congresos, coloquios, eventos que buscan la profesionalización de los editores, sobre todo los editores universitarios. También soy consultor de editoras y miembro de varios consejos editoriales en la UNAM. Además, la mayor parte del tiempo tengo como función profesional y personal impulsar la cultura del libro, la cultura editorial.

¿Cómo influye tu trabajo en la vida social

Hay quien dice que los editores son la sal de la tierra: resguardan los contenidos de la ignorancia, tratan de pulirlos (hay que recordar que los escritores entregan textos, los editores hacen libros, ya lo decía Alberto Manguel) y tenemos una función social bastante importante, yo sí creo en el libro como instrumento de desarrollo humano, como una herramienta para crear futuro social. Tratamos de brindarle vida interior a las personas ya sea en libros literarios o libros técnicos. Vemos por la forma, vemos por el fondo, por la personalidad del libro. Entonces quienes trabajamos en los libros tenemos una función social bastante importante, yo creo que podríamos llamarla una misión. Sabemos que hay mucha ignorancia en este mundo, sabemos que hay mucha violencia y tratamos de dar un orden o dar luz a lo que puede dar orden. Por eso son tan extrañas las personas que leen, tan extrañas las personas del libro.

Fernando Pessoa comentaba o nos daba una especie de postulado: «organiza tu vida como si fuera una obra literaria», y eso es lo que he tratado de hacer a lo largo de mi vida, capitular mi vida, es decir, hacer proyectos, cumplirlos, cerrar capítulos, pero en un orden lógico que me permita al final quedar satisfecho.

¿Qué es lo que más disfrutas de tu trabajo?

Lo que más disfruto de mi trabajo es cuando me dan proyectos de escritura libre, es decir, donde puedo intervenir en los textos, hacerlos míos, porque básicamente los editores, la mayor parte del tiempo, leen lo que les viene en suerte. A veces se corrigen libros de enfermería, de medicina, de ingeniería, de arquitectura, cuestiones que quizá son ajenas al interés del editor; también puede ser posible que un editor científico tenga que corregir libros literarios o poesía, cuestiones de ese tipo. Entonces la mayor parte del tiempo lo que hacemos es trabajar textos que no nos gustan tanto, sin embargo lo hacemos de manera profesional, pero cuando llega un libro de nuestro tema lo disfrutamos bastante. También disfruto mucho hacer coloquios, diseñarlos, curar los contenidos, hablar con los ponentes, exponer incluso ante el público los problemas que analizamos con esos oponentes, con esos conferencistas. Hay una serie de coloquios en San Ildefonso que hacemos en torno al 12 de noviembre, el día nacional del libro en México, que nos gustan mucho. Por ejemplo, uno de ellos es Lux in Tenebris, donde se analizaba lo que es el dar luz en la ignorancia, el blanco y el negro dentro de la edición: los libros maltratados, malditos o no leídos, los libros que han sido censurados, por ejemplo, o también la edición para ciegos o débiles visuales. Es muy bonito hacer esta clase de coloquios.

¿Por qué es importante que la gente conozca lo que haces?

Es importante que las personas conozcan la cultura editorial universitaria, o la cultura libresca, para darles elementos de dirección en su vida. La UNAM da razón de sí y muestra también lo que se hace en sus laboratorios, en sus aulas, en sus cubículos, y dar a conocer esa actividad es importante para construir país y para construir mundo.  

Cuéntanos más sobre la edición universitaria

La UNAM es la editorial decana de las editoriales universitarias en México, la más importante en lengua española por su producción. Hacemos un promedio de 2200 títulos al año, 800 de ellos en electrónico, y somos la principal reserva de autores que hay en el país. Si uno revisa todas las editoriales mexicanas, encontrará algún profesional salido de la UNAM trabajando en ellas. La UNAM no sólo es la gran productora de contenidos, sino también es una escuela de artes gráficas, y no lo digo porque tenemos la Facultad de Arte y Diseño, sino porque todas las artes del libro son practicadas en las áreas editoriales. Nosotros en la UNAM somos un solo sello editorial, pero en la práctica somos un grupo: hay distintas dependencias universitarias, direcciones, direcciones generales, facultades, coordinaciones, programas, institutos, escuelas trabajando en edición. También hay buena parte de nuestras dependencias haciendo actividades de acceso libre y de edición de revistas académicas. Ahí es donde se ensayan las artes del libro en diseño, en lenguaje, en prácticas editoriales.

La edición universitaria también se distingue de la edición privada porque las relaciones que se establecen entre los colegas hacen que haya un desarrollo especial de parte de los editores universitarios. Entonces tenemos editores 2.0 y cibereditores trabajando en la UNAM precisamente por el impulso que dan los colegas: un ambiente académico. El yo profesional y los problemas del ejercicio de proyectos impulsan además nuevas competencias laborales, impulsan aprendizaje. Eso es lo que no tienen los editores privados, que siguen siendo un gremio, sí es cierto, sigue siendo un proceso de aprendizaje entre maestro y aprendiz, pero en la edición universitaria hay un ambiente que impulsa a la profesionalización, y hay un ambiente que impulsa a sumar experiencias, esa performatividad y las políticas de evaluación de nuestra propia institución hacen que nuestro perfil de editores sea bastante alto.

¿Las últimas reformas educativas y la emergente educación a distancia a causa del Covid-19 han cambiado significativamente las ediciones universitarias?, ¿los lectores siguen prefiriendo el libro impreso frente al digital?

Hemos visto en los últimos años un impulso a lo que es la educación a distancia, la educación a través de las pantallas; sin embargo, también en los últimos años hemos visto que muchas universidades o escuelas que ofrecen no la virtualidad de la educación, sino la experiencia humana, la experiencia personal, han sido mucho más valoradas. Lo que pensábamos hace años de universidades sin aulas, es decir, impartiendo clases a distancia, es un poco relativo; actualmente lo que vemos es que, sí se necesita la cercanía, se necesita saber que hay una persona ejercitando su intelecto, ejercitando la reflexión, y eso ante un público. No es tanto que busquemos la pantallización de la educación, sino más bien las experiencias inmersivas y de intercomunicación. Un maestro tiene un instrumento bastante fuerte en las tecnologías de comunicación e información que le permiten comunicarse, contactar más con sus grupos. Esta revolución hará que cambie nuestro concepto de universidad, pero no debemos perder ese aspecto humano. Con la pandemia acudimos a contenidos electrónicos de manera entusiasta y hasta sin precauciones, empezamos a ofrecer muchos contenidos gratuitos y hay una sobredosis de esos contenidos actualmente, de tal manera que muchas personas no tienen el tiempo necesario para ver tanto de lo que se comenta en las redes y además hacer su vida cotidiana y su trabajo a distancia. En ese sentido, tendremos que reflexionar qué nos deja la pandemia: nos deja, sí, un mundo pantallizado, pero también elementos para editar esos medios. Eso es lo importante, así como se editan los periódicos, se editan los contenidos cinematográficos, también debemos editar la tecnología.

¿Qué aprenderá el mundo editorial de esta pandemia?

El mundo editorial aprenderá con esta pandemia lo que son sus debilidades. Habría que fortalecer mucho las salidas digitales y los canales en internet, pero también habrá una depuración: cuando se vuelva a la relativa normalidad habrá menos imprentas, menos librerías, menos editoriales y por supuesto menos contenidos para los lectores. Entonces la competencia entre los contenidos libres que hay en internet y los contenidos tutorados que brindan las editoriales a un precio a veces accesible a veces no, esa competencia es la que veremos que se desarrolle. Nuestros editores están aprendiendo a sobrevivir en un mundo más tecnológico, están aprendiendo a pensar en digital, están aprendiendo a moverse en este ciberespacio.

¿Cómo ha afectado el confinamiento en tu desempeño?

Desde marzo, los universitarios dejamos las instalaciones y trabajamos desde casa. Lo que ha pasado es un poco chistoso, hay más productividad de parte de las áreas que estamos laborando, hay otras que por más que quieran no lo pueden hacer porque hay instrumentos que quedaron allá o son una especie de ventanilla que trabaja con personas, las librerías por ejemplo. Quienes siendo editores laboramos vemos que nuestro día laboral ha sido muy alargado; hay cuestiones que estamos resolviendo en la madrugada o en fin de semana, como que se perdieron los horarios, se perdieron los días festivos y vivimos en una especie de semana laboral infinita.

¿A qué colegas admiras?

Los filósofos de los medios son a quienes más admiro: Alejandro Piscitelli, de Argentina, por ejemplo; Lev Manovich, Javier Celaya, de España. Sin embargo, también en edición tengo a mis maestros en México, está por supuesto Alejandro Zenker de Ediciones del Ermitaño, están personas como Carlos Anaya Rosique, Joaquín Díez-Canedo; hay personas que ya murieron, Ernesto de la Torre Villar ni se diga, aunque el editor universitario que considero más importante que tenemos es Hernán Lara Zavala, editor literario, escritor de alturas muy elevadas. También hay editores en otras partes que admiro mucho: los trabajos de Juan Felipe Córdoba, en la Universidad del Rosario de Colombia, los trabajos de Jorge Herralde, que no es editor universitario, pero por supuesto es una referencia.

Comentarios finales

En este tiempo de duelo, sufrimiento, hambre, donde sabemos que hay personas que están muriendo, y además hay proyectos editoriales que están muriendo, editoriales, imprentas, librerías, incluso bibliotecas, no nos queda más que pensar con esperanza en el futuro. Yo siempre he dicho que los libros no solamente son más necesarios que el sosiego, sino que son más necesarios que las propias necesidades, y podemos acudir a ellos para que nos cobijen, no sólo porque podemos leer y olvidarnos del mundo, sino que podemos dialogar con ellos como una muestra de que hay racionalidad en el mundo, hay sensibilidad en el mundo más allá de la muerte.

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