Las citas y el mar

Por Vladimir Villalobos López

«La palabra es el arma de los humanos
para aproximarse unos a otros.
«
Ana María Matute

Hace unos días, un alumno de bachillerato, desde su geografía particular, y que gracias a sus videoclases es común a la de gran parte de la humanidad, preguntó qué era una cita textual. Ojo, digo bachillerato, no aludo a ningún grupo viral de estudiantes que desconocen qué es una bibliografía ni me refiero a los textos sobre plagio de esta semana. Sólo recuerdo lo que escuché. Y entonces me puse a pensar cómo podría explicar yo lo que es una cita textual a ese estudiante anónimo.

A menos que mi memoria haya bloqueado algún caso anterior, fue justo en la prepa cuando invité a salir a alguien de manera formal. En ese entonces, mi formalidad se limitaba a salidas no muy lejos de la prepa y en hora de clases. Aunque tengo grabado un día de marzo en la Alameda Central, también recuerdo un par de encuentros no logrados. En uno de ellos, como en la caricatura de Quino, el lugar acordado no fue bastante explícito. En el caso del argentino, uno espera en el café Gioconda y el otro en el café Mona Lisa; quién iba a decirme que el Galaxy, un billar en el que no se podía jugar billar por tanta gente y del que salías empapado en sudor irremediablemente, tenía sucursales y yo esperé y esperé en el equivocado. Ahora es fácil, un mensaje instantáneo, mandas ubicación en tiempo real y listo, hace 15 años o abandonabas la misión o te aferrabas a la esperanza del “ya aparecerá”.

Yo era paciente entonces, y aún creo serlo, al menos he tratado cuando asumo la misión de enseñar a jugar ajedrez o a doblar grullas de papel, mis dos grandes y fugaces experiencias en el ámbito de la enseñanza. Seguramente es más fácil enseñar algo mecánico como doblar el papel o la manera en que se mueven los peones que explicar conceptos o ideas menos aprehensibles. Uno aprende primero el camino a la tiendita, ya después, con suerte, hace suyos los nombres de las calles, la idea de manzana o cuadra. Por eso aprender a andar en bici jamás se olvida (dicen), pero la manera en que se resuelven derivadas e integrales, sí (aseguro).

Citar es como cuando quedas de verte con alguien, pensé que podría haberle dicho al estudiante sin rostro. Acuerdan y establecen algunos detalles mínimos que son necesarios para que el encuentro se dé y la cita es cuando los dos, o cuantos sean, se encuentran en el lugar convenido. Una cita textual es lo mismo, pero sólo se juntan las palabras, no es necesario trasladarse físicamente ni aprender cómo caminan los peones. En este tipo de citas son las ideas de dos personas, o cuantas sean, las que se encuentran y se reúnen en el texto. Con la cita textual, además se evitan malentendidos a lo Quino, siempre que se hagan bien, no se vale sacar las palabras ajenas de contexto nada más para que nos den la razón.

Sobre la creación de diccionarios, por ejemplo, María Moliner dijo: “Ya no hay filólogos que dediquen media vida y en solitario a hacer un diccionario… Las nuevas tecnologías han convertido esta tarea en una labor colectiva”. Como quizá ya saben, Moliner escribió, prácticamente sola, el Diccionario de uso del español, tras más de una década de infatigable trabajo. En este sentido, Fune wo Amu, anime emitido en 2016, viene a darle la razón a la española (de la que hay mucho que decir, pero será en otro momento). También conocida como The Great Passage, es la historia de un puñado de personajes que tienen la tarea de crear el Daitokai, un diccionario que habrá de ayudar a la gente a comunicarse en estos días. Centrada en Majime Mitsuya, un joven vendedor transferido al área de diccionarios por su sensibilidad con las palabras, esta serie, basada en el libro homónimo de la escritora japonesa Shion Miura, trata principalmente de la creación de diccionarios y de las relaciones humanas.

Evidentemente, no es un anime que destaque por la acción de sus 11 capítulos, sin embargo, logra condensar bien el tiempo que les demora sacar a flote el diccionario, sin importar los problemas personales y de la renuencia que muestra la editorial ante la creación de un nuevo diccionario. Resulta agradable ver cómo Majime, a pesar de su introversión, logra establecer vínculos afectivos con las personas a su alrededor al tiempo que Daitokai (cuyo significado explican parecido a un barco para cruzar el océano de las palabras) empieza a tomar formar (a medio capítulo, como en muchos animes, hay un bloque con una estética más infantil en el que el pequeño Daitokai platica con otros diccionarios sobre sus características y curiosidades “diccionariles”).

En algún momento hablan del Moliner japonés (por decirlo de algún modo), Fumihiko Otsuki, quien escribió solo Genkai (1891), considerado el primer diccionario japonés moderno. El nombre de su diccionario significa “mar de palabras”, no es casualidad que cuando Majime está ante conversaciones importantes para su vida, el nivel del agua ascienda en la escena y le cubra los pies. Si el primer diccionario moderno era el mar, no es descabellado pensar que en la actualidad, ante tantos cambios que la realidad impone día a día, se precise de un barco que ayude a sortear las aguas.

Así, aunque el equipo que hace Daitokai tampoco es muy numeroso, se evidencia que el trabajo en equipo, “el respeto por las opiniones y fortalezas del otro”, es irrenunciable para que el diccionario no naufrague. Aunque también tienen claro que los diccionarios contienen palabras y éstas tienen vida, y como es imposible citar todas las palabras existentes, también está condenado a ser un reflejo parcial de las voces elegidas y escuchadas en un momento dado.

Los diccionarios, entonces, pueden ser algo así como un conjunto de citas en las que se busca reunir tantas voces como sea posible. Ha de considerar que esas voces hallarán otros caminos, harán eco de distintas maneras y se volverán otras. En la serie hay una rueda de la fortuna a lo lejos, de tan lejos parece que no se mueve, pero en realidad nunca para.


Vocabulario

Galaxia

  1. Concentración de estrellas agrupadas en una zona, aunque nunca se encuentren.

Tesauro

2. Se aplica como nombre particular, en vez de tesoro, a algunos libros, tales como antologías o diccionarios: “Alguien me contó sobre un proyecto en el que se dan pequeñas libretas para que las niñas y los niños las usen como un cofre del tesoro en el que puedan guardar palabras que les resulten valiosas”.


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