No le digas a nadie. Chismes y susurros

Por Vladimir Villalobos López

En la noche y en el día, / parece que oigo llover, /
parece que oigo un suspiro, / ¿qué será del alma mía?
Víctor Jara

A principios de los ochenta, Ulises Carrión presentó un proyecto sobre el chisme y la posible potencia artística del chismorreo (habladuría entre mujeres, según el Diccionario Oxford de bolsillo que consultó). Su proyecto consistió básicamente en organizarse con algunos conocidos para que esparcieran alguno de varios chismes posibles acerca de él mismo por los medios que entonces tenían a su alcance: llamadas telefónicas, cartas y pláticas personales en reuniones o encuentros casuales.

De entre los resultados que presentó en conferencia, una vez terminado el experimento, quiero destacar la diferenciación que hace entre chisme, rumor, escándalo y calumnia. Mientras que el rumor y el escándalo son creaciones más colectivas al implicar participaciones generales de la gente, en el chisme y la calumnia es más visible la autoría personal, la intención del chismoso o del calumniador. Sin embargo, la diferencia entre ambos yace en que la calumnia persigue fines abiertamente malvados. El chisme no forzosamente es así, pues se puede chismear sobre personas queridas y de manera positiva. De este modo, el chisme es la única de estas cuatro habladurías que permite experimentar placer, dice Carrión.

El chisme, plantea Max Gluckman, es un mecanismo para mantener la unión en grupos sociales pequeños, pues éste sólo es factible en un modo fluido dentro del entorno al que se pertenece. Yo no puedo echar chisme con o sobre personas que no conozco; o sí puedo, pero el código para hacerlo cambia, se limita a fin de no mostrarse irrespetuoso o calumniador. La también antropóloga Elizabeth Colson, por su parte, señala que hay comunidades en las que saber chismorrear es imprescindible: “para ser un makah, debes ser capaz de unirte al chisme, y para ser un makah auténtico debes ser capaz de escandalizar habilidosamente”.

Entonces, el chisme ayuda a pertenecer y a sancionar el comportamiento de la comunidad de la que se trate. Gluckman indica que después de trabajar, chismear es la segunda actividad que más realizamos (la primera, podrían corregir algunos). Entonces, pienso los chismes como cuentos y fabulaciones (María Moliner equipara fábula a chisme en su diccionario), casi siempre orales, aunque estos días de encierro nos acercan a los chismes leídos a través de los grupos de WhatsApp o en publicaciones como “no importa que no conozca a los inmiscuidos, se escuchan chismes de todo tipo”. Aunque no es lo mismo leer el chisme o verlo en una transmisión que escucharlo y verlo en persona, dicen. Los gestos, la entonación, la actuación y el uso del espacio son algo importante para el chisme, aunque algunas habladurías telefónicas se vuelven memorables (algunos aseguran que ahora incluso hay excelentes obras de teatro presentadas en videollamada, ve tú a saber).

Si el chisme es fabular sobre el otro, también es hacerlo sobre nosotros mismos. En la habladuría también dejamos un poco de nosotros. Al intentar escandalizar habilidosamente dejamos ver nuestros gustos y la importancia que le damos a determinadas acciones o actitudes vitales. ¿Por qué Mengana pone tanto énfasis en que Sutano llegó a deshoras el fin de semana? ¿Por qué Teté omite que Perengano actuó así por consejo suyo? Claro, el que cuenta y el que escucha no son pasivos, interpretan e intercambian posiciones, pueden crear chismes nuevos a partir del original, o retransmitir éste pero con información añadida o modificada. Como la historia, pues, como la literatura oral. La historia de Penélope podía pasar fácilmente de un chisme a un escándalo; hoy sería viral su situación y no faltarían los memes y las cancelaciones por todos lados.

Claro que un chisme debe respetar sus márgenes y no desbordarse o se vuelve otra cosa. Justo pensaba en la privacidad y los escándalos en internet cuando recordé a Ulises Carrión. En las redes sociales podemos usar vías privadas para comunicarnos (aunque las capturas de pantalla y la venta de información privada siempre son una posibilidad); en el encuentro frente a frente debemos apelar, sobre todo frente a entornos ruidosos (y chismosos), al murmullo, al bisbiseo, al susurro.

Murmurar, bisbisear y susurrar, siento, son onomatopeyas de lo mismo (incluso chisme, aunque de manera menos clara, me parece la onomatopeya de chismear veladamente). María Moliner explica de gran manera el susurro: “Producir un ruido sordo y suave, agradable; como el de un arroyo o el del viento entre el follaje”.

Gregorio Fontén propone que el susurro imita el silencio de las palabras. Si bombo reproduce el sonido de la percusión y mishi (de origen quechua al parecer) imita la manera en que llamamos a los felinos, el susurro es la reproducción del silencio que apaga a las palabras para que apenas los elegidos puedan escucharlas. Susurrar es un suspiro verbalizado, y si consideramos que suspiramos porque le falta oxígeno al corazón, susurrar para contar un chisme, u otra confidencia, es como oxigenar al otro con nuestra propia vida, con un cachito de ella para alegrar o compartir, por pertenecer y porque, contrario a lo que nos venden desde hace mucho, no somos solos en el mundo y nos precisamos pa’ echar chal, pa’ contarnos historias.


Vocabulario

Musitar

1. Hablar sin emitir voz. Susurrar, murmurar, hablar en voz baja.

2. Echar chisme quedo, discreto.

3. No le digas a nadie, fíjate que…


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