El intermediario (in)útil. Mercado Libre, Grupo Planeta y las librerías

Durante el fin de semana algunas librerías comenzaron a anunciar la reapertura de sus sucursales, pero la gran noticia fue que la editorial Planeta en Argentina abrió una tienda oficial en Mercado Libre, es decir, comenzó a vender sus libros por sí misma, a través de internet. No es cualquier cosa. Algunos comentarios hacen hincapié en la función de las librerías, que con este movimiento se ven aún más amenazadas en medio de una contingencia mundial y con muchas sucursales aún cerradas, pero esta acción debe leerse también como una respuesta a la profunda crisis que enfrenta el mundo editorial y no sólo las librerías.

Las librerías están al borde de la quiebra, y las que han resistido el impacto de la pandemia ahora abren sus puertas con el objetivo de recuperarse económicamente. Algunas han formado alianzas para rescatar al gremio, y otras han propuesto alternativas de ventas que les permitan sobrevivir a la nueva normalidad. La semana pasada reflexioné sobre la necesidad de que las librerías ofrezcan algo más que descuentos para que la compra de un libro se distinga de la compra de cualquier otro producto. Insisto en que las librerías deben renovarse ahora más que nunca. La apertura de la tienda en línea de editorial Planeta demuestra que los editores tampoco van a solucionar el problema de las librerías.

No es de mi interés mostrar el hecho como un enfrentamiento entre editores y libreros, porque no me parece que lo sea. Sólo quien se dedica profesionalmente a la edición de libros sabe que el trabajo es muy difícil, caro y menospreciado. Oscar Wilde dijo alguna vez que “un editor es simplemente un intermediario útil”, y en los últimos años ha habido varios intentos de deshacerse de este “estorbo”. Algunas plataformas de publicación digital han tratado de eliminar al editor como intermediario entre autor y lector, y en ocasiones lo han logrado, pero con resultados de mínima calidad. Otras plataformas, más conscientes, han revalorado la función del editor y la necesidad de procesos de selección y de revisión para asegurar no sólo la calidad de los libros, sino también su éxito comercial. Los editores asumen esta función de intermediarios útiles y a pesar de las amenazas ya no se ve cercana su fecha de desaparición.

Con las librerías cerradas desde hace meses y obviamente sin ingresos por la venta de libros, las editoriales también han tenido que buscar opciones para enfrentar la crisis. En todos los niveles, internet y las redes sociales han sido el medio para llegar al público de manera directa e inmediata. Yo afirmo que siempre lo han sido, pero hasta ahora se han dado cuenta los productores y los usuarios de manera conjunta y gracias a la cuarentena obligatoria.

La distribución directa, en este sentido, se vuelve tan conveniente como necesaria en las circunstancias actuales. El problema (para las librerías) es que la venta en línea sí es capaz de eliminar a los intermediarios inútiles, si los hay; de modo que los libreros deben demostrar su utilidad para sobrevivir. Es absurdo creer que mientras haya libros existirán las librerías como las conocemos, o como eran antes del coronavirus. Igual de absurdo es que los libros deban pasar por el filtro de las librerías para ser vendidos por internet, o que las editoriales deban rescatar económicamente a las librerías manteniendo un descuento que puede llegar hasta el 60% del precio del libro por hacer lo que ahora cualquiera puede hacer: vender un producto por internet.

Santiago Satz, gerente de prensa de Grupo Planeta Argentina, ha declarado que “Nosotros no estamos puenteando a las librerías, seguimos trabajando muy fluidamente con ellas, simplemente se trata de abrir un canal más de ventas, porque muchos puntos de ventas se han cerrado, como las librerías en los shoppings. Seguimos trabajando a la par de las librerías independientes y de las librerías de cadena. Acá no hay puente. No se trata de puentear a los libreros, sino de acompañar y llegar a los lectores […] Entiendo la postura de las librerías, pero también al Grupo Planeta nos golpeó mucho el cierre de puntos de venta y simplemente pusimos un canal de venta e-commerce. No hay puente alguno. Nuestra prioridad es las librerías independientes”.

Un argumento por ahora es que muchas editoriales independientes ya ofrecen sus libros de manera directa a través de internet sin que eso genere algún problema, pero que lo haga Grupo Planeta, uno de los dos grupos editoriales más grandes del mercado en español, es severamente criticado por las librerías como una amenaza real. Esto es cierto, pero ignora inocentemente el papel que desempeña Grupo Planeta en el medio editorial mundial. Si la experiencia le resulta exitosa, puede modificar en gran medida la forma en que se distribuirán los libros después del coronavirus.

Por otro lado, y para seguir insistiendo en ello, si la única respuesta de las librerías a la pandemia es vender por internet con servicio a domicilio, para el lector será más fácil comprar libros desde la tienda oficial de la editorial. Por más cariño que le tengamos a nuestra librería preferida, ya sea un gran grupo o una pequeña librería independiente, nuestro apoyo tendrá fecha de caducidad. Con la dinámica de ventas en sitios de comercio electrónico y en redes sociales las librerías se encuentran en desventaja, pero es una desventaja que han sobrellevado muchos otros gremios en todos los ámbitos: televisoras, disqueras, farmacias, zapaterías, tiendas de ropa…; tanto productores como distribuidores han tenido que adaptarse a las nuevas formas de consumo y ofrecer un valor agregado en cada caso. Las librerías están obligadas a lo mismo, lo único que deben evitar es el enfrentamiento con las editoriales, pues se trata de un aliado y no de un enemigo; si hay una guerra los efectos se verán en el precio y en la distribución de los libros,  y los perjudicados serán, como siempre, los lectores.


Imagen de Clker-Free-Vector-Images en Pixabay

Scroll to top
A %d blogueros les gusta esto: