¿Me oyen, me escuchan? Audiolibros y edición

(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({}); Por Vladimir Villalobos López Los cuentos infantiles clásicos como la Cenicienta, afirman los más sabedores en la materia, no estaban pensados de manera exclusiva para el público infantil. El asunto, dicen, era relatar estas historias para que las escuchara todo el mundo (que alcanzara a escuchar). Ya después cada quien entendería lo que su edad/experiencia le permitiera. Por supuesto, en estas narraciones orales intervenía (o interfería) la calidad e intención del pregonero (narrador, juglar, cantor…), también la atención que se le pusiera, el ruido que se encima a algún fragmento importante para la trama, la...

Para acceder a este contenido necesitas una suscripción a Fondo Blanco. Durante unos meses podrás adquirir una suscripción de patrocinador que te dará acceso a todos nuestros contenidos actuales y futuros. Para más información da clic en el botón de abajo. Si ya eres miembro, inicia sesión, si aún no lo eres, suscríbete con el botón de abajo.
Iniciar sesión Suscríbete ahora
Scroll to top
A %d blogueros les gusta esto: