El deseo de echar raíces

Vladimir Villalobos López

Quizás agosto es el mes en el que cumplen años algunas de mis personas más queridas. Prácticamente genealogías completas nacen en este mes que termina. Los abrazo a todos y celebro habitar el mundo al mismo tiempo que ellos, porque a pesar de las pandemias, los gobiernos y las tragedias cotidianas el día a día se hace más navegable con las personas correctas.

Leo que no se puede ser en el mundo sin habitarlo. Habitar es ocupar, residir en un espacio y tiempo determinado. Y al mismo tiempo que habitamos lo otro, lo otro también nos habita. Se trata de una relación mutua, idealmente no violenta. Habitar no es conquistar o ser conquistado.

La relación entre habitante y habitación, como en toda relación, necesita cierta dosis de empatía y de paciencia. Ponerse en el lugar del otro y respetar los procesos y necesidades ajenas tanto como las propias es tan simple que solemos pasarlo de largo. No sólo habitamos un cuarto, o un departamento o una casa. Habitamos las calles y el barrio y la ciudad. En mayor o menor medida habitamos un poco de todo. Habitamos al otro también.

A través de sus recuerdos y de los nuestros, de las palabras y de los silencios nos cohabitamos. Algunos como lluvia tersa que amaina el calor asfixiante, otros como jauría que crispa los nervios bajo la luna y las contadas estrellas. Son frecuentes los casos en los que hacemos propios los recuerdos de otros, o al revés, otra gente se mete y participa en historias que originalmente sólo te pertenecían a ti (o eso creemos, porque la propiedad y el sentirnos dueños de algo aún nos da alguna certeza en esta vida, nos repetimos hasta creerlo más o menos convencidos).

Hace poco me decían de lo nocivo que es vivir entre concreto y metal, de los efectos negativos que tiene para las mascotas la carencia de áreas verdes (y para nosotros también). La Megalópolis (desde el nombre quita las ganas de habitarla) no sabe de existencias y habitares horizontales. Se fundó a paletadas de sangre y bajo la lógica del dominio, tanto del otro individuo como de la naturaleza. Habitar esta ciudad es una historia de persecución sin fin, entre los recorridos que duran horas para llegar al lugar de trabajo y la sensación de que la ciudad nos expulsa cada vez más a sus orillas (al menos la ciudad que ya le pertenece a los mismos millonarios de siempre). Corremos de la lluvia para llegar a moles de concreto sin agua.

Adriana Ventura dice en uno de sus poemas sobre habitar y la aparente imposibilidad de tener una casa, una habitación definitiva y soñada: “Fracasan los ladrillos: / no dan solidez a la casa. // La casa: un hueco, / una colección / de heridas apiladas / en el cansancio del cuerpo. // En los ojos de un día cualquiera / del mes más cansado / descubrí mi primera grieta”. En este país somos expertos para improvisar y construir futuros escombros y esperanzas a base de otros escombros y buenas voluntades.

En medio de esta cuarentena sin fin, habitarnos y crear un espacio seguro para habitar ha demostrado su vital importancia. No creo que sea coincidencia que dos de las últimas películas que he visto traten justo sobre los lugares que habitamos. Autorrey (2021), de Juan Vildósola, es un documental sobre las políticas viales de Monterrey y de cómo haberles dado prioridad a los carros particulares trajo una serie de problemas a la ciudad, haciéndola poco habitable para todos los que no tienen un auto propio. La casa de la memoria (2020), de Sofía Rosales, es un cortometraje animado en el que un anciano vive solo rodeado de películas que llenan todos los rincones de su casa. Esos filmes que reproduce sin parar son sus memorias. Habitar un espacio y hacerlo parte de nosotros, el contenedor de nuestros recuerdos.

Ambas películas formaron parte del Ficmonterrey 2021 y, como casi todo lo que me rodea en estos días, me hacen preguntarme por la manera en que ocupo mi espacio en el mundo y me adueño de un pedacito de él. Mejor dicho, por la manera en que trato de compartir estos espacios y hacerlos mejores para todos (o al menos no empeorarlos mucho). Gracias por la lectura y hasta la próxima. Cuídense.

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