La tercera es la vencida. Rutas de la memoria

Vladimir Villalobos López

I’m a Two-Way Romeo
 Hatched right under that Gemini sign
 Magic number Sixty-Nine
 We’re two in one and all in all
 Shoot double-barrelled wherewithal…
Brian Aldiss

La primera vez que Henry Couling los miró ellos estaban peleando, asegura en el testimonio que presentó. Él viajaba en un bote hacia L’Estrange Head, cerca de Norfolk. Acompañado por las gaviotas, al llegar a tierra firme y andar unos metros, los pudo ver mejor, parecían hermanos y vestían igual, aunque uno era más güero que el otro. Al verlo, los hermanos, que peleaban tumbados en el suelo, se levantaron ágilmente, como si fueran uno solo, y dejaron el lugar. Fue entonces cuando Henry los vio mejor, estaban unidos por la cintura, incluso vio una tercera cabeza brotar de uno de los cuatro hombros que tenía ese cuerpo.

En Twitter alguien escribió su top de agrupaciones musicales. No recuerdo lo específico de la dinámica, pero en el primer lugar puso a Los Van Van. Como en escena de Ratatouille, me descubrí 15 años más joven y a punto de conocer Ixtapaluca por primera vez. Vaya recorrido que hace la memoria (y uno cuando era más chavo) a la menor provocación. Basta un olor, una imagen o el nombre de una agrupación para que el tiempo se contraiga, entonces, lo que ayer era una escena casi olvidada se vuelve presente, casi al alcance de la mano, aunque el mundo ya sea otro. Basta intentar recordar la última vez que salimos sin la palabra pandemia merodeando, parece que fue ayer pero ya casi se cumple un año (en México, en otros lados el movimiento de traslación ya hizo lo suyo).

Recuerdo que ese día en Ixtapaluca, acompañado de risas y una jacaranda a punto de florecer, escuché una canción por primera vez, mientras veía llover tras la ventana. Qué temeridad esa de acusar de maldad a una canción, dice otra letra del mismo autor. No soy experto en música (ni en nada), pero bien dicen que siempre hay un roto para un descosido. En todo caso, el malo es el músico, no sé. Siempre hay más dudas que certezas. Aun así, puedo decir que en mi caso hay canciones que llegan en el momento adecuado (y vuelven sin parar) y hay otras que, por más que me las repitan (quizá por eso), nomás no me mueven. Será cuestión de suerte, destino, serendipia, designio divino, como quieran llamarle.

Pero permítanme volver a los hermanos de L’Estrange Head (a su manera todas las cabezas lo son). Sus nombres eran Barry y Tom, eran siameses y, efectivamente, como había visto el señor Couling, había una tercera cabeza que nacía del brazo de Barry. El término siamés se debe a unos hermanos de Siam (hoy Tailandia) que nacieron unidos a principios del siglo XIX y, al ser exhibidos, se adoptó siamés para llamar así a todos los gemelos que permanecen con su cuerpo unido después del nacimiento. Por eso hay gatos siameses sin necesidad de que sean dos gatos, es sólo porque provienen de allá. Pero, dejando de lado explicaciones que quizá resultan innecesarias, Henry Couling buscaba a los dos hermanos (la tercera cabeza no contaba) para llevárselos y hacerlos estrellas de rock.

Esta historia me recordó a “El alien agropecuario”, cuento de Carlos Velázquez, aunque en este caso es un joven con síndrome de Down quien se une a un grupo de punk. Les digo que la memoria es engañosa, y me pregunto si, como a las canciones, tampoco a los cuentos se les debería acusar de maldad. Y aprovechando la digresión, me parece que hace unos años había unos artistas mexicanos que eran siameses y usaban sombrero; y les recomiendo la canción “Intentaron separarnos”, del Cuarteto de Nos. Seguro hay más siameses destacados, sólo se me ocurre Bart Simpson, perdón.

Para no hacer el cuento largo, los hermanos, con todo y su tercera cabeza, formaron el grupo Bang Bang. Y eso explica mi retrospectiva cuando leí el nombre de los Van Van (les digo que mi oído no es el más educado). Este grupo tuvo un éxito con el que alcanzaron una fama relativa, parte de su letra es el epígrafe de esta columna y en español dice: “Yo soy un doble Romeo. / Bajo el signo de Géminis incubado, / sesenta y nueve es el número dorado. / Somos dos en uno, un todo formamos, / con doble cañón la carga disparamos…”.

Este fragmento lo utiliza Andrés Calamaro en su canción “Dos Romeos”, aquella que conocí en Ixtapaluca y que, hace poco me enteré, está basada en el texto Brothers of the Head (o Bang Bang, en español), de Brian W. Aldiss, escritor británico de ciencia ficción que es más conocido por escribir el relato en el que se basa la película Inteligencia artificial, de 2001. Total, que en mi extraña cabeza se hizo una revoltura que, sin embargo, puede tomar sentido. No es raro que una palabra o concepto recién aprendido resuene de pronto en todos lados, sospecho que siempre estuvo ahí, pero necesitaba ser escuchado en determinado momento, como las canciones.

Así como Barry y Tom son dos en uno, o uno doble (¿triple?), así la música y la literatura se componen de muchas cabezas. Todas las manifestaciones culturales en realidad parecen siamesas o una hidra, de la que no dejan de surgir nuevas expresiones, aunque con un origen común. Pero hablar de influencias y referencias será para otra ocasión. Cuídense.


Vocabulario

Gemelo

1. Se aplica a cada uno de los hermanos que nacen en el mismo parto, también se les dice cuate, doblado, guate, jimagua, medio, melgo, mellizo, mielgo, morocho o siamés, si permanecen unidos.

2. En plural, aparato para ver más cercanos los objetos lejanos. “Con estos gemelos puedo ver bailar la lluvia al compás de ‘Dos Romeos’”.

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